jueves, 16 de abril de 2015

HÉCTOR ROSALES comenta la obra de PÉREZ GADEA

Diego:
Anoche retomé y terminé el libro sobre Pérez Gadea, confirmando lo que hemos venido comentando acerca del poeta.
Quizás ya te cité en algún mail la conocida frase del profe Guido Castillo (la más exigente, honesta y descarnada con relación a quienes frecuentan la poesía): “Poetas verdaderos son muy pocos, y lo son en muy pocos versos”.Saúl P. Gadea tiene unos cuantos, más que suficientes versos para certificarle a Castillo y a cualquiera su condición de poeta.
El buen trabajo en esta necesaria edición deja un testimonio muy interesante para aquel lector uruguayo y extranjero que desee conocer una poesía de nuestro tiempo. Allí encontrará más que a un autor marginal y marginado, a un poeta comprometido consigo mismo, con su voz y sus circunstancias, con su independencia y su honda urgencia expresiva. Él sabía lo que significaba vivir y escribir así, y se la jugó honrada y valientemente hasta las últimas circunstancias.
Un ejemplo muy poco seguido en cualquier época y lugar, máxime en la actualidad, donde la frivolidad, mediocridad y asociados danzan en torno a la pura superficie, con esa vana música de espejitos, palmaditas, colorines y electrónica por doquier.
Hay altibajos, sí, detalles que debió cuidar P. Gadea en el desarrollo de su poética, pero hay sangre debajo de las letras, distintos matices e intensidades de la emoción (motor de fondo de todo arte) y una apuesta de trascendencia en la comunicación con el lector. Escribir desde el centro y las esquinas del ahora, desde el peso de la consciencia y la fugacidad, pasándole, pues, tales apuntes al prójimo, intentando en ese esfuerzo una postrera salvación conjunta. Creo que nuestro compatriota lo consiguió y que sus textos, más allá de todos los contravientos, tendrán un mañana más propicio.

miércoles, 21 de enero de 2015

DE CIRCE MAIA A DIEGO TECHEIRA: Sobre "Los mitos del movimiento"


Diego,  te quiero comentar la impresión que me causó tu libro, "Los mitos del movimiento": Pienso que no hay nada más difícil que encontrar un nuevo enfoque del erotismo. La experiencia humana que tiene que ver con el amor es tan compleja que el poeta, al trasmitirla, siempre se apoya en  un  componente y deja en sombra otros. El romanticismo -el polo opuesto de tu poesía- se apoya tanto sobre sentimientos y emociones que hace tiempo que ya no nos resulta  vivo.  En tu caso, todo lo corporal salta al primer plano,  y aparece como un proceso llevado a las palabras con absoluta desnudez y fuerza. El libro forma una unidad total con los excelentes dibujos de Pilar González.  Te felicito, los felicito a ambos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

NOVEDAD 



Cuando Pilar González y Diego Techeira consideraron la posibilidad de trabajar
en conjunto desde el espacio de la creación artística el mundo del erotismo
procuraron alcanzar lo explícito sin procacidad, conquistar un territorio
donde la sexualidad deviniera voz y trazo, desbordando lo meramente físico,
expresión que disolviera los límites para proyectar a cada quien
(artista plástica, poeta, receptor, hombre o mujer)
más allá de su propia piel.






domingo, 22 de junio de 2014

SAÚL PÉREZ GADEA

EL OJO DE LA TEMPESTAD


SAÚL PÉREZ GADEA representa un caso singular en la  literatura uruguaya. Es que a partir de la aparición de Homo-Ciudad, editado cuando el poeta tenía sólo 
18 años de edad (y a decir verdad, apenas esbozo 
de la calidad que alcanzaría), su discurso intenso 
e incisivo, sin espacio para las concesiones, evidenció 
 un temperamento excepcional en nuestras letras, 
que le acreditó elogios de Gerardo Diego, Ramón Gómez de la Serna, Jesualdo Sosa, Alberto Zum Felde, Líber Falco y Juan Carlos Onetti, entre otros.

Sin embargo, el obstinado silencio a que se ha condenado su obra ejemplifica de manera evidente lo que sostuviera alguna vez Carlos Real de Azúa:  
"En nuestra literatura, como en nuestra historia política, parece haber sido inevitable la inclinación por los arreglos y la dilución de todo concentrado 
medianamente agresivo".


EL OJO DE LA TEMPESTAD, en lo que constituye el acontecimiento editorial más relevante de la poesía uruguaya en mucho tiempo, reúne la trayectoria  (inédita en su mayor parte hasta el presente) de quien se revela como uno de los más extraordinarios poetas que ha dado nuestro país. A través de la misma, Pérez Gadea nos presenta su aguzada visión del mundo mediante una exposición de carácter fantástico, internándose sin resquemores en los territorios prohibidos del “sí mismo”, y el lenguaje, moneda gastada de la incomunicación, es recuperado y apropiado para recobrar así su perdida plenitud expresiva.

Compilación y prólogo: Diego Techeira

viernes, 20 de junio de 2014

Cuando yo nací, Helena




Cuando yo nací, Helena,
los poetas de París
se ahorcaban mirándote a los ojos.
Cuando yo crecí, Helena,
tú te encerraste en una casa grande
con un marchito ramo
y un polvoriento ajuar.
Y sonaron a tumba tus paseos
por los corredores solitarios.
Cuando yo fui hombre, Helena,
ya eras sólo un gris daguerrotipo
que plumereaba la mucama albina.
Cuando yo sea viejo, Helena,
y oficie de rector
y tenga gafas
y mueva en tics senil
mi calavera,
cuando tu mundo, Helena,
sea una muestra
del museo de cosas
insensibles,
como los abanicos y las modas
y las hojas del libro de retratos,
junto a las cartas de amor
y los periódicos
y las verjas que huyeron del verano.
Cuando yo haya muerto, Helena,
y silben trenes mucho más veloces
y amontonen casa sobre casa
y se cubran de máquinas las selvas
y se apaguen los últimos jardines
y el dios de los veranos haya muerto.
Y muerto el Dios
no existen más muchachas,
ni el vino a la hora del almuerzo,
ni el olor de durazno en la persiana,
ni las sábanas blancas en la siesta,
ni el perro que corría por el monte,
ni el niño que contaba las estrellas.
Un mundo así. Distante y sin
la clara mañana del camino
sin el humo subiendo por el valle,
sin pastor, sin caminos, sin lucero.
Un mundo sin tu sombra, Helena,
un mundo,
una piedra redonda dando vueltas,
un sonido en el aire y nada, nada,
un sonido nomás, débil, cayendo.

                                                Saúl Pérez Gadea

Hospital Vilardebó



 
Si Dios llegara a visitar la casa
en un atardecer, si Dios viniera,
si yo pusiera en sus
manos totales la total
llave que nos abre el mundo turbio,
el mundo hundido de esta casa hundida
como un gran hoyo o como un monstruo ciego.
Adelante, Jesús. Veamos todo; no marchites el rostro,
el ojo blanco, la silbante
sangre, tu madera.
Aquí está Pedro que se ató las manos
con alambres de púa y de serpiente,
que inunda pabellones de fantasmas
y profiere alaridos, tu sufriente.
Adelante, Jesús. Aquí a la vieja que se lava las manos
el pellejo le cuelga de los dedos sarmentosos,
tiene sangre, suda sangre, sufre sangre;
vedla sangrar, falanges cavernícolas,
dedos rasgados de jabón, martirizados de agua,
tu sufriente.
Adelante, Jesús. Aquí el poeta que se estrangula solo,
que ruge, escupe, orina y cabecea,
y al fin como una bolsa que se pudre,
sus huesos sobre el suelo esparce al viento.
Todo está bien. Job en su piedra,
Job en su yugo. Job en su cadena.
La locura es el beso de los ángeles
que tienen de medusa las cabezas.

                                                     Saúl Pérez Gadea